Dificultades de aprendizaje
Cuando aprender cuesta: ¿Cómo podemos ayudar a
nuestros hijos?
Aprender
es un proceso complejo que va mucho más allá de incorporar conocimientos o
adquirir habilidades escolares. Cada persona aprende de una manera particular,
a partir de la interacción entre sus capacidades cognitivas, sus experiencias,
sus emociones y el entorno en el que se desarrolla.
¿Qué factores intervienen en el aprendizaje?
El
aprendizaje involucra múltiples procesos que trabajan de manera integrada:
- Procesos cognitivos: la atención, la memoria, el
lenguaje, la percepción, el razonamiento y las funciones ejecutivas,
necesarias para planificar, organizar y resolver tareas.
- Habilidades específicas: la adquisición de la
lectura, la escritura, el cálculo y la comprensión requiere aprendizajes
progresivos que necesitan tiempo, práctica y acompañamiento.
- Aspectos emocionales: la confianza en las propias
capacidades, la motivación, la ansiedad, la frustración y las experiencias
previas influyen en la disposición para aprender.
- Historia y oportunidades de
aprendizaje: las
experiencias educativas, la continuidad de las intervenciones, las
estrategias de enseñanza y las oportunidades de práctica pueden favorecer
o dificultar el desarrollo de determinadas habilidades.
- Contexto familiar y escolar: las expectativas, los
vínculos, los recursos disponibles y las formas de acompañamiento también
forman parte del entorno en el que se aprende.
Estos factores no actúan de manera aislada. Se
relacionan entre sí y pueden potenciarse o interferir unos con otros.
Cuando aprender se vuelve difícil
Una
dificultad escolar no siempre responde a una única causa. En ocasiones,
determinadas habilidades necesitan una enseñanza más explícita y sistemática;
en otras, pueden existir procesos cognitivos que requieren una evaluación más
profunda. También hay situaciones en las que las condiciones emocionales,
familiares o educativas influyen en el desempeño.
Por eso,
es importante evitar las conclusiones apresuradas. No todos los niños que
presentan dificultades necesitan lo mismo, y una misma dificultad puede
requerir abordajes diferentes según la historia y las características de cada
persona.
¿Cómo podemos darnos cuenta de que algo necesita
atención?
Algunas
señales a las que podemos prestar atención son:
- Le cuesta aprender las
letras, leer palabras o comprender lo que lee.
- Comete muchos errores al
escribir o le cuesta expresar sus ideas por escrito.
- Necesita que le expliquen
varias veces una misma consigna.
- Se olvida de lo que acaba de
aprender o le cuesta seguir instrucciones.
- Le resulta muy difícil
resolver cuentas o problemas matemáticos.
- Necesita mucho tiempo y
ayuda para hacer tareas que puede resolver con mayor autonomía la mayoría
de sus compañeros de edad similar.
- Se enoja, se angustia o
evita hacer las tareas porque siente que no puede.
- Dice con frecuencia frases
como «no me sale», «soy malo para esto» o «no puedo aprender».
Estas
señales no significan necesariamente que exista un trastorno del aprendizaje.
Sin embargo, conviene prestarles atención y observarlas.
¿Qué podemos hacer desde casa?
- Escuchar y observar: sin juzgarlo ni compararlo
con otros.
- Valorar sus esfuerzos: felicitar por algo positivo
siempre. Resaltar los logros y no centrarse únicamente en los errores.
- Acompañar sin presionar ni
hacer por él:
ayudarlo a encontrar soluciones y favorecer progresivamente su autonomía.
- Cuidar sus emociones: recordarle que tener
dificultades no significa que no sea capaz de aprender.
- Establecer rutinas posibles: ofrecer momentos de trabajo
breves, con pausas y objetivos claros. Tecnología cero en esos
momentos y distracciones cero.
- Pedir orientación: si las dificultades
persisten, consultar con un profesional que pueda evaluar qué necesita.
A veces,
los niños necesitan más tiempo; otras veces, nuevas estrategias, una enseñanza
diferente o un acompañamiento específico.
Cuanto
antes podamos comprender qué está pasando, más posibilidades tendremos de
ayudarlos. La familia, la escuela y los profesionales pueden hacer una gran
diferencia.
Detrás de
cada dificultad hay un niño que necesita sentirse comprendido, acompañado y
capaz de avanzar.
No
necesitamos tener todas las respuestas como familia, pero sí podemos dar el
primer paso: observar, escuchar y buscar ayuda cuando sea necesario.
Contacto: (221) 501-0857
Lunes a viernes de 10 a 18 hs.
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