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miércoles, 24 de junio de 2026

Motivación y aprendizaje

 

Motivación y aprendizaje: cuando el deseo de aprender hace la diferencia



Muchas veces se piensa que aprender depende solo de la inteligencia o del esfuerzo. Sin embargo, hay un factor clave que atraviesa todo el proceso: la motivación.

La motivación no es algo fijo. No es que un niño “la tiene” o “no la tiene”. Es algo que se construye, se sostiene o se debilita según las experiencias de aprendizaje.

Cuando la motivación está presente

Un niño motivado suele:

  • Intentar nuevamente después de equivocarse
  • Mostrar curiosidad
  • Persistir aunque algo le cueste
  • Buscar estrategias para resolver
  • Sentir satisfacción al lograr avances

En estos casos, el aprendizaje fluye con mayor naturalidad, incluso cuando hay desafíos.

 Cuando la motivación se debilita

A veces, el desinterés no aparece de forma repentina, sino como resultado de experiencias repetidas de frustración.

Puede ocurrir que el niño:

  • Evite tareas que le resultan difíciles
  • Diga “no puedo” antes de intentar
  • Se distraiga fácilmente como forma de escape
  • Dependa constantemente del adulto
  • Se bloquee frente al error

En estos casos, muchas veces no estamos frente a falta de ganas, sino frente a aprendizajes que dejaron de resultar significativos o accesibles.

¿Qué influye en la motivación?

La motivación se ve afectada por múltiples factores:

  • El nivel de dificultad de las tareas
  • La forma en que se enseña
  • Las experiencias previas de éxito o fracaso
  • El clima emocional al aprender
  • El tipo de vínculo con el aprendizaje
  • La percepción que el niño tiene de sí mismo

Un niño que siente que “no le sale” fácilmente, suele desconectarse para protegerse del malestar.

El rol del adulto

Más que exigir motivación, el desafío es generarla y sostenerla.

Algunas claves posibles:

  • Proponer tareas alcanzables con pequeños desafíos
  • Valorar el proceso más que solo el resultado
  • Acompañar el error sin dramatizarlo
  • Reconocer avances, aunque sean mínimos
  • Dar tiempo para que el aprendizaje madure

La motivación crece cuando el niño siente que puede avanzar, aunque sea de a poco.

Aprender no es solo una cuestión de capacidad. Es también una experiencia emocional.

Y cuando un niño se siente capaz, acompañado y comprendido, la motivación aparece como consecuencia, no como exigencia.